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Contigiani dijo que en el gobierno de Macri prevaleció “el rentismo financiero”

La crisis que atraviesa hoy la Argentina no hay que buscarla afuera, es inherente al modelo económico de Cambiemos y estos días muestran su expresión más clara. Así lo consideró el diputado nacional por Santa Fe, Luis Contigiani, quien en su función como ministro de Producción de Santa Fe advirtió anticipadamente esta situación.

“Hasta octubre de 2017 el gobierno nacional tuvo una política económica que iba fabricando una crisis de envergadura, pero estaba amortiguada por un endeudamiento artificial y con el sector privado”, recordó y aseguró que “en 2018 Argentina llega a un tope y tiene que salir disparado a pedir auxilio al FMI, ingresando en una situación muy compleja”, dijo en diálogo con el programa “La Banda Cambiaria” de FM Meridiano.

—Ud. fue uno de los primeros que, como ministro de Producción, alertó sobre esta crisis ¿Qué observó sobre este modelo?

—Es así. A mi me tocó, siendo el ministro de Producción de Santa Fe a principios de 2016, ser una voz solitaria, en mi condición de funcionario. Pude advertir, señalar el curso de la acción económica que se venía, especialmente en algunos puntos que vi tempranamente interactuando con diferentes funcionarios del gobierno nacional. Primero, un monetarismo tardío como estrategia para resolver el problema de la inflación en Argentina, que en ninguna parte del mundo ya se usa de manera ortodoxa, porque se aborda desde una multiplicidad de variables. En segundo lugar; en un cuadro económico recesivo, el gobierno nacional abre las importaciones y el comercio exterior de manera extrema, poco inteligente, sobre todo a bienes importados de consumo, que se producen en el país, algo que dañó fuertemente el comercio, la producción y el trabajo. La tercera variable es el de las tarifas. Las aplicó de manera equivocada, brutal, garantizándole a las empresas proveedoras de energía del país un nivel de rentabilidad que antes lo tenían con los subsidios. O sea, que las compañías nunca perdieron, antes con los subsidios y ahora a partir del bolsillo de la gente mediante tarifazos, siguieron sumando una rentabilidad desproporcionada. Se puede observar viendo los balances de las que cotizan en la Bolsa de Buenos Aires, que registraron por ejemplo, ganancias que van del 800% al 2.500%. Y en el medio, dolarizó las tarifas como una forma de garantizarles una permanente renta por encima del costo de producción local de energía con este tema de Vaca Muerta. La cuarta variable fue la reinstalación en la Argentina de esta idea del derrame, es decir apostar a la supuestas inversiones externas y a la economía del mercado global, y pensar que a partir de ahí viene el desarrollo argentino, en lugar de considerar que la idea del desarrollo no viene a partir de las fuerzas del trabajo y la producción local. Pensar que viene a partir de estas supuestas inversiones externas que yo no las desdeño ni tengo nada contra eso, pero sí tengo claro que en la historia económica occidental, al desarrollo se lo planifica, no se lo delega. Al desarrollo se lo conduce. Y que las inversiones externas son importantes pero a partir de un estrategia nacional y regional en la que las empresas puedan insertarse. Y que el capital no tiene ideología, el capital busca intereses, beneficios. Y aquí, la última variable de la política macroeconómica que instala el gobierno, y es la desregulación de todo el mercado financiero. Les permitían a las exportadoras del país retener los dólares en forma indefinida en el exterior; y a las inversiones especulativas que ingresaban a la Argentina les permitían sacar los dólares o no retenerlos cuando querían. Se dio una desregulación de la cuenta de capital muy importante. Estas cinco grandes variables llevaron a la política económica del gobierno nacional a estar alineada con las de (Alfredo) Martínez de Hoz y de (Domingo) Cavallo. Es una línea económica que afectó seriamente al mercado interno, al consumo, a las pymes, a las cooperativas, al trabajo y hoy nos llevó a un problema de carácter social muy preocupante.

—¿Considera que esta crisis económica y social fue producto de decisiones planificadas o de yerros o impericias del gobierno?

—Diría que nunca hay una situación pura, de blanco o negro en cualquier diagnóstico. Siempre hay una complejidad. Creo que hubo sectores interesados económicamente dentro y fuera del gobierno nacional, y por otro lado, sectores que ideológicamente están convencidos de que, por ejemplo, la teoría del derrame existe y creen en la economía de mercado como modelo y paradigma. Están convencidos de la apertura económica sin estrategia alguna, que no hay que administrar el comercio exterior. Hay mucho de ideología, pero también hubo mucho de intereses económicos, de incompatibilidad de intereses. De hecho, muchos ministros venían de ser, en su gran mayoría CEOs de multinacionales y, que de repente, pasaron a la función pública pero no dejaron de tener los contactos y la pertenencia a sus empresas. Funcionarios que tenían cuentas en el exterior que eran incompatibles con su función, como el caso del ex ministro de Hacienda Nicolás Dujovne. Cosas que, por lo menos desde el punto de vista de la ética pública, son incompatibles.

—Durante los primeros años de este gobierno en una oportunidad vino a Rosario el ex ministro de Producción Francisco Cabrera y cuando se lo indagó sobre los resultados del Observatorio de Importaciones que Ud. y Fisfe realizaban se mostró extrañado por el planteo ¿En sus reuniones con los funcionarios nacionales, se observaba esta misma situación?

—Esta consulta me permite confesar una situación y una posterior decisión. Cuando asumí en diciembre de 2015 y hasta marzo de 2016 _ aunque rápidamente fui crítico del futuro rumbo económico del gobierno de Macri_ me permití un tiempo de interacción con los funcionarios nacionales para ver si encontraba la forma de poder gestionar una agenda de políticas de desarrollo y de producción. Fue un tiempo en el que estaba mucho en Buenos Aires reuniéndome con gran parte de los funcionarios ddel gobierno nacional. A fines de marzo me di cuenta la manera en que concebían la economía o cómo querían gestionar y hacia dónde iba el rumbo económico de este gobierno. Ahí tomé una decisión y fue quedarme en Santa Fe y defender en forma contracíclica y con todas las herramientas que tenía a mi alcance el trabajo, al sector industrial, a las pymes, al sector cooperativo, a la producción agropecuaria. Fue entonces que, convalidado por el gobernador, pusimos en marcha un conjunto de baterías e instrumentos, asumiendo que Santa Fe tiene más margen para desarrollar políticas contracíclicas, aún cuando la provincia no maneja las variables de la macroeconomía. A fines de marzo dije: basta de perder tiempo. Recuerdo que una anécdota clara que me llevó a eso cuando durante un encuentro del Consejo Federal de la Producción en Salta, tuve un fuerte intercambio con el entonces ministro Cabrera. En ese momento él dijo «no quiero que hagan política sino que hablemos de gestión», y yo reivindiqué la política económica.

—¿Fue cuando el presidente Macri le sugirió al gobernador Lifschitz que lo sacara del Ministerio?

—Sí. Ahí se da una situación muy particular, porque luego de esta decisión mía, fui motivo de preocupación y análisis del presidente Macri, que recopilaba mis declaraciones y mis artículos, en una carpeta. Era el propio presidente que perdía el tiempo con un ministro de Producción de Santa Fe. Algo increíble. Y ahí es donde presionaba para que me desplacen, con carpeta en mano, con todos mis antecedentes, declaraciones y demás.

—El 2016 fue un año de recesión, alta inflación y caída de empresas. Muy parecido a lo que fueron estos últimos dos años Sin embargo, el oficialismo se revalidó electoralmente. ¿Qué pasó para que cambiara la percepción sobre escenarios similares?

—Creo que hay dos momentos del plan económico. Hasta octubre de 2017 fue una política económica que iba fabricando una crisis nacional de envergadura que era amortiguada por un endeudamiento artificial y con el sector privado, no con el Fondo Monetario. Fue un endeudamiento irresponsable y con un retraso del tipo de cambio. Hay que recordar que venían las elecciones de octubre de 2017 y el gobierno empezó a tratar de que contener el dólar y eso generó una burbuja de consumo artificial, momentánea, sumada al endeudamiento privado, y la emisión, porque es un gobierno que también emitió. Todo eso logró amortiguar los fundamentos del plan económico y le permitió al gobierno ganar las elecciones y seguir para adelante. Ahora, en 2018, la Argentina llega a un tope de endeudamiento privado y con el cambio de las condiciones internacionales sobre todo por la crisis del comercio entre China y Estados Unidos, y las tasas de interés, en abril del año pasado tuvo que salir disparado a pedir auxilio al FMI y entró en una situación compleja, porque emitió menos o dejó de emitir dinero. Apareció la palabra ajuste, ya que el organismo te presta plata pero te exige metas fiscales. Ahí las variables de concentración económica, pérdida de empleo y caída de la actividad económica se aceleran. La pobreza empieza a crecer y todos los fundamentos de la política económica empiezan crudamente a funcionar y llegamos a esta parte del año donde hay una crisis social y económica muy dura. Hay 3 millones más de pobres, inflación de alimentos descontrolada, una situación en lo laboral preocupante. El cambio se dio porque ante la necesidad de oxigenarse con el FMI, las variables más crudas de los fundamentos económicos del gobierno empiezan a no tener amortiguamiento. Un modelo que nunca apostó a acumular y a generar riqueza a partir de una de las economías más importantes que tiene el país que es el mercado interno, junto al mercado externo y el sector agroexportador. Por eso, el país tiene que trabajar en la escala, en la eficiencia, en los encadenamientos de productos, pero en el mercado interno. El gobierno nunca apostó a generar un modelo de desarrollo basado en acumulación por eficiencia productiva, por mejora de la competitividad del mercado interno. Nunca hubo créditos, nunca apostó a inversiones de capital, nunca a la defensa de la diversificación productiva, nunca apostó al agregado de valor industrial, nunca tuvo un discurso ni una acción industrialista y del desarrollo. Y lo que prevaleció es un modelo de generación de riqueza a partir del rentismo financiero.

Fuente: lcapital.com.ar
Foto: Prensa Contigiani

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